Ir al contenido principal

Entradas

Mitades

Entradas recientes

¿Quiénes?

Sucia. Aturdida ante esta hostia tan inesperada. Es como si alguien hubiese estado zarandeándome todo este tiempo y hasta este momento no hubiese despertado. Ahora estoy desnuda, y es difícil de comprender, porque aún llevo hasta los zapatos puestos. Sin embargo, los huesos al aire libre, así, vulnerable ante cualquier ráfaga de aire. Asco. Y no porque no me quiera, puesto que sí que lo hago, sino porque este ser extraño no soy yo. Esta no puedo ser yo. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿He de haber estado tan ciega que ahora que por fin me quito la venda de los ojos quiero volvérmela a poner?  La que no se dejaba pisotear por nadie. Ella. Ya no soy ella. Al menos no hoy. Al menos no todo este rato que siento que esta piel no me pertenece. Fallarse a uno mismo es como apuntarse con la pistola en la cabeza sin finalmente apretar el gatillo. Mira que me lo advertí. Pero quién responde a amenazas de la cabeza cuando es el puto corazón el que maneja la situación, cuando son las putas...

Escribo porque gritar no puedo.

Escribo porque gritar no puedo. (Te) escribo  porque gritar(te)  no puedo. Imagino que nos tenemos. Uno en frente del otro. Tomando café. Sí. Café. A ti, que nunca te ha gustado mucho.  Imagino que te miro y me miras, que te enciendes un cigarrillo mientras recuerdo porqué he vuelto a fumar. Imagino, por un momento, que te pido explicaciones y que tú me las das. Que no sabría qué no decirte, qué guardarme para mí. Por imaginar, imagino que te miro. Que me levanto y empujo la silla contra el suelo. Que, sin querer, (pero queriendo) te grito bien alto y fuerte que no he parado de escribir porque gritarte en su momento no pude.

Heart on fire

Sístole y diástole se apresuraron.  Y tú preguntándote porqué.  Que a qué habíamos venido.  Y hasta dónde íbamos a llegar.  Sístole y diástole bailando conmigo.  Y este corazón que más que mío, siente ser parte de ti. Como si mi sangre recorriera mi cuerpo para ti. Únicamente para ti. Para darte oxígeno.  Y que vivas. En ti. En mí.  Sístole y diástole sin parar, con prisa.  Y este cuerpo tan mío y tuyo a la vez, que no brilla. No resplandece. Seco. Y estas ganas, de arrancarte de cuajo, de escupirte en las arterias y diseccionarte entero.  Corazón.